
Julian Barnes (Leicester, 1946) se volvió una suerte de “gusto adquirido” para los que se cruzaron, por recomendación boca a boca más que de crítica, con su ahora clásico El loro de Flaubert (1984). El reconocimiento masivo le llegaría con Hablando del asunto (1991), aquella novela en la que los protagonistas de un triángulo amoroso iban turnándose para dar su versión de los hechos al lector, que ya no digamos como testigo sino más bien como terapeuta, va hilando la narración según a cuál de los implicados decida creerle. Seguiría una secuela diez años después, Amor, etc., que no logró el impacto de la entrega inicial. Con cierto éxito pasaron la ambiciosa pero fallida Inglaterra, Inglaterra, el interesante experimento de Una historia del mundo en 10 capítulos y medio y la amena Arthur & George. Después de un libro de memorias y otro que combina periodismo y recetas de cocina, Julian Barnes vuelve con El sentido de un final, novela breve que le valió el Man Booker Prize inglés (el premio literario más importante de su país) y la buena noticia es que en este caso, el premio es bien merecido.



