El sentido de un final, Julian Barnes

Julian Barnes (Leicester, 1946) se volvió una suerte de “gusto adquirido” para los que se cruzaron, por recomendación boca a boca más que de crítica, con su ahora clásico El loro de Flaubert (1984). El reconocimiento masivo le llegaría con Hablando del asunto (1991), aquella novela en la que los protagonistas de un triángulo amoroso iban turnándose para dar su versión de los hechos al lector, que ya no digamos como testigo sino más bien como terapeuta, va hilando la narración según a cuál de los implicados decida creerle. Seguiría una secuela diez años después, Amor, etc., que no logró el impacto de la entrega inicial. Con cierto éxito pasaron la ambiciosa pero fallida Inglaterra, Inglaterra, el interesante experimento de Una historia del mundo en 10 capítulos y medio y la amena Arthur & George. Después de un libro de memorias y otro que combina periodismo y recetas de cocina, Julian Barnes vuelve con El sentido de un final, novela breve que le valió el Man Booker Prize inglés (el premio literario más importante de su país) y la buena noticia es que en este caso, el premio es bien merecido.

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Chavismo y literatura

El primer contacto lo tuve por la tapa de un diario. “Intento de golpe de estado en Venezuela”. Bueno, pensé, otro milico golpista más en Latinoamérica. Corrían los primeros años de la década del ’90 y el neoliberalismo ya mostraba sus colmillos. Al tiempo encontré un reportaje en un matutino donde él hablaba de Gramsci. Allí la sorpresa fue mayúscula. ¿Un militar latinoamericano hablando de Gramsci? Eso sí que nunca lo había escuchado. Más tarde pude percibir mi ignorancia y darme cuenta que yo también, con los prejuicios, había construído una caricatura aún de los propios militares.

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Zapatismo y literatura

A comienzos de la década del ’90 y como parte de los recordatorios por los 500 años de dominación europea en América, los pueblos originarios comenzaron a hacer oír su voz, cada vez con más fuerza, con música y melodía pentatónica. Desde el mismo momento de la invasión europea la resistencia indígena estuvo presente y en forma continua, las rebeliones fueron siempre una constante. Pero tanto el estado colonial como luego los estados nacionales los combatieron con fiereza en nombre del “progreso”, olvidando estos últimos el noble papel jugado en la independencia de la metrópoli. La admirable persistencia y la indomable memoria fueron los pilares sobre los que se asentó su supervivencia. Como dijo una vez un sabio poblador Tehuelche: “y sin embargo existimos“.

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El mar, John Banville

Un poeta que escribe en prosa. Así se define a sí mismo John Banville, escritor irlandés considerado uno de los grandes talentos de la lengua inglesa. En la tradición de James Joyce y de Samuel Beckett, pero también con mucho del Proust de En busca del tiempo perdido, la novela se despliega en cada una de sus líneas como la memoria de Max Morden,  un historiador de arte que se retira a escribir a un pueblo costero.


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