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Hacemos muchas cosas que luego podemos comentar: cosas importantes, trascendentes, grandiosas y otras no tan espectaculares. ¿Pero quién comenta las mínimas y mundanas? Llevarse las manos a la cabeza, atarse los cordones de las zapatillas, mirar el cielo, meterse los dedos en la nariz, andar descalzo, esperar que cambie la luz de un semáforo: nadie habla de esto en un encuentro personal. Sin duda estas cosas no tienen ninguna relevancia en nuestra vida. ¿Pero qué sucede cuando estas mismas cosas se convierten en fotografías? ¿Son importantes entonces
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