Sinopsis
Este disco compacto es la primera grabación enteramente dedicada a obras para violín solo de autores argentinos. Fue interpretado por Alejandro Drago.
Este disco compacto es la primera grabación realizada en el país enteramente dedicada a obras para violín solo de compositores argentinos, y es el comienzo de la serie Clásicos Argentinos del sello Tradition. Pretendemos realizar un trabajo de investigación y de difusión, registrando obras que en su conjunto lleguen a conformar un repertorio accesible a músicos y melómanos del país y del exterior. En muchos casos, localizar partituras de obras argentinas -en su mayoría manuscritos autógrafos- es una tarea compleja, ya que el material suele estar muy disperso y no bien conservado, cuando no perdido para siempre. Creemos que una de las causas de la escasa difusión de nuestro patrimonio de música clásica se origina en la falta de una industria musical interesada en rescatarla.
Deseamos destacar el entusiasmo de Alejandro Drago desde el comienzo del proyecto cuando elegimos el programa, desciframos los manuscritos e intentamos adentrarnos en la trayectoria y la estética de cada compositor; trabajo fascinante no sólo por la diversidad de contenidos, sino porque sabíamos que estábamos incursionando en un repertorio muy particular y prácticamente desconocido. Este entusiasmo aumentó cuando descubrimos que la compilación realizada sobrepasaba la duración de un CD, motivo por el cual tenemos el propósito de editar más adelante un segundo volumen.
El repertorio para violín solo presenta ciertas peculiaridades relacionadas con la naturaleza del instrumento. Según el pedagogo y concertista Carl Flesch (1873-1944), una pieza para violín solo es una suerte de obra contra natura. El violín no es un instrumento polifónico, si bien un adecuado e ingenioso tratamiento desde la composición y la interpretación puede producir resultados más que satisfactorios. Desde esta perspectiva, el repertorio europeo posee obras significativas: las Sonatas y Partitas de Johann Sebastian Bach (1685-1750), las Fantasías de Georg Philipp Telemann (1681-1767) y los Capricci de Pietro Locatelli (1695-1764) representan una culminación dentro del Barroco.
En la primera mitad del siglo XIX, encontramos los sorprendentes hallazgos de Nicoló Paganini (1782-1840) y más tarde las Sonatas y los Preludios y Fugas de Max Reger (1873-1916), obras donde se combina el lenguaje cromático enmarcado en formas neobarrocas de intrincada inteligibilidad armónica. El siglo XX abrió nuevas posibilidades y amplió grandemente el repertorio con piezas como las Seis Sonatas opus 27, de Eugene Ysaÿe (1859-1931), en las que el autor incorpora muchas innovaciones como los cuartos de tono y los acordes con más de cuatro sonidos; otras novedades se observan en la Sonata de Bela Bartók (1881-1945), en las más recientes Pièce pour Ivry (dedicada a Ivry Gitlis, 1971) de Bruno Maderna (1920-1973) y en la Sequenza VIII (1976) de Luciano Berio (1925-2003). Arthur Honegger (1892-1955), Darius Mihaud (1892-1974) y Paul Hindemith (1895-1963) produjeron, asimismo, sus propios y significativos aportes.
En la República Argentina, los intentos por obtener partituras para violín solo anteriores al siglo XX han sido infructuosos. No obstante, mantenemos una búsqueda continua que puede depararnos resultados positivos en el futuro. Más allá de la probable existencia de alguna pieza del siglo XIX, producto de algún virtuoso local, el antecedente más antiguo que hemos encontrado es una obra denominada Brujerías de Enrique Mario Casella (1891-1948), posiblemente de comienzos de los años 30, cuya partitura se habría extraviado. La obra más antigua registrada en este CD pertenece a Juan Carlos Paz (1897-1972).
El violín tiene en nuestro país una historia de varios siglos, en la que se pueden destacar la etapa de las misiones jesuíticas, la labor de los luthiers indios formados en ellas y la casi mítica personalidad de San Francisco Solano (1549-1610).
Podríamos clasificar al material aquí presentado en tres grupos: obras con material rítmico o melódico de origen criollo o americano (Giacobbe, Altube, Gianneo); obras sin referencias americanas (Paz, Preludio de Gianneo) y obras con influencia de la música popular urbana (Anad, Bruno-Videla). Una audición atenta nos permite percibir interesantes interinflujos y mezcla de lenguajes, de tal manera que el criollismo de Giacobbe presenta por momentos las disonancias más ásperas, mientras que el dodecafonismo abstracto de Paz está compensado por una escritura más sencilla, tanto en lo violinístico como en lo formal. Gianneo reúne las dos tendencias y trata la serie dodecafónica con más licencias que Paz, mientras que las obras restantes plantean el concepto posmoderno del retorno a la tonalidad, la vuelta a las raíces americanas y la exploración del tango.