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Manuel Álvarez Bravo
Por Leandro Ibáñez
Como un Cartier-Bresson latino, Álvarez Bravo es un ejemplo del tan analizado momento decisivo. Vivió todo un siglo y y dejó un legado invaluable de cientos de imágenes. En el MALBA. |
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“Uno dispara a lo que le gusta y desde el ángulo que le gusta. Es muy importante lo que puede percibirse fuera del asunto principal; el corte nunca es arbitrario, sino exacto. Me parece que todo es retratable, depende de cómo se le vea. Todo lo que se retrata se retrata por placer.”
Esta reflexión, escrita por el propio Álvarez Bravo, recibe a los espectadores que se acercan al MALBA a ver la exposición de fotografías que se exhibe hasta el 25 de mayo.
Manuel Álvarez Bravo nació en México a principios del siglo XX, fue testigo y protagonista de una revolución cultural y social, e inmortalizó como fotógrafo, pueblos, paisanos, paisajes y objetos que pasan desapercibidos para el resto de los mortales. Como si fuese un poético premio, por inmortalizar tantas vidas ajenas, vivió cien años y dejó un legado de cientos de imágenes.
Cuarenta de estas imágenes son las que se pueden apreciar en la Sala 5 del segundo piso del MALBA y que se integran con la exposición de obras pictóricas mexicanas de la primera mitad del siglo XX que se realiza en este museo.
Las obras fotográficas que están en exposición son todas blanco y negro y en un tamaño no mayor a 20 x 25 cm., tamaño que queda corto para poder apreciar las fotos adecuadamente. Al iniciar el recorrido se pueden observar ocho imágenes de paisajes abiertos y rústicos, de tumbas y cruces; una extraña mezcla de melancolía, desamparo y soledad trasmiten estas escenas claras y redundantemente metafóricas. Dos imágenes en particular, “Mecido por el viento” y “Tumba florida”, trasmiten un sentido de la ironía casi palpable.
Continuando con el recorrido casi impuesto por el curador de la muestra, una serie de once retratos a personajes anónimos pero característicos del México de principios de siglo, nos revela una manera de trabajar por parte del artista que refleja en sus retratados una naturalidad sin pose, una brutalidad innata y un calor asfixiante, así permite hacernos una vaga idea de aquellas formas de vivir, de vestir y hasta de dormir. Como un Cartier-Bresson latino, Álvarez Bravo es un ejemplo del tan analizado momento decisivo y “La hija de los danzantes” es la prueba más clara de ello.
En las nueve fotos que siguen, Álvarez Bravo toma conceptos visuales del surrealismo europeo y de esta manera nos habla acerca de los recursos naturales tan necesarios para el desarrollo de su país y su transformación mediante el trabajo humano. Texturas, contrastes de luces y perspectivas exacerbadas son las palabras que utiliza el autor para hablar a sus espectadores.
Terminando el recorrido y a modo de resumen de todas las imágenes previas, una docena de fotografías (técnicamente tan perfectas como todas las otras), ironizan el contexto fotografiado.
Ojos multiplicados con leyendas inversas, caballos atrapados, escondidos y espiando, ventanas que caminan y diminutos seres humanos contra enormes paredones, son algunas de las imágenes en las que el público puede ver la forma en que este fotógrafo mexicano jugaba con los elementos, creaba escenas misteriosas, cortaba los planos y resignificar lugares comunes.
Álvarez Bravo vivió un siglo entero y usó este tiempo para experimentar, para llevar a un lejano país del oeste movimientos y vanguardias que se suscitaban en Europa, retrató tanto a personajes anónimos como a grandes artistas, y dejo un legado de documentos invaluables para todos aquellos que lo sepan apreciar.
Publicado en Leedor el 23-04-2009 El ensueño
 El umbral
 La buena Fama durmiendo


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La madre de el
Cuando le despiden de su trabajo como fisioterapeuta, Noah Cooper (Dax Shepard) piensa que su día no puede...
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Mímesis de Lena Szankay !Díptico es en fotografía una secuencia de dos imágenes unidas por una bisagra de sentido. Los pares de imágenes que Szankay compone, se articulan en ese punto justo donde algo de lo uno reaparece en lo otro, idéntico en tanto deseo pero diferente en tanto representación.
El diálogo de los dípticos con las fotos individuales, y ambas producciones en tensión con un cierto modo de pensar el tiempo, hacen que la obra de la fotógrafa sea un ensayo visual sobre la belleza y su caducidad, sobre la vida y su ocaso, una exploración acerca de la encarnación del hombre en una trama temporal e histórica.
Sus imágenes de la experiencia humana visibilizan la materialidad de la carne, lejos de toda truculencia o golpe bajo, y se ofrecen como potentes prismáticos para acercarnos lo más real despojado de todo melodrama donde la belleza no es banalidad sino sobriedad. Las fotos de Szankay son como tajos que disponen nuevos espacios de luz donde se presenta una nueva relación entre humanidad y lugar. Esta muestra propone una invitación a enlazar experiencia con imagen e imagen con palabra.
Daniela Gutierrez
Inauguración: este jueves, 27 de agosto a las 19:00 en el Palais de Glace, Posadas 1725, Recoleta
Hasta el Domingo, 20 de septiembre a las 20:00
Cayetano Arcidiacono: Still Life !Salas de fotografía
Museo Nacional de Bellas Artes
Avenida del Libertador1473
De martes a viernes de 12:30 a 20:30
Sábados y domingos de 9:30 a 20:30
Entrada gratuita
Mendocino, nacido en Italia, desde hace décadas sorprende por la calidad de su obra de justa composición, elogio de la forma y exquisitos matices de blanco y negro. Ágil, activo, curioso, con amplio criterio para la investigación de materiales, en su último trabajo – digital y color - cambió de soporte pero no de calidad.
En esta ocasión el Museo Nacional de Bellas Artes presenta su obra previa y reciente, conjunto que permite apreciar la continuidad creativa del artista, la renovación de su producción, y el fuerte y original mensaje que reflexiona en torno al concepto de belleza.
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