(16) Memoria del saqueo, NULL

Memoria del saqueo

Memoria del saqueo es, según su director -el recientemente premiado en Berlín con el Oso de oro a su trayectoria- Fernando “Pino” Solanas, una deliberada continuación de su antológico La Hora de los hornos , documental fundacional no sólo de su filmografía sino de todo un estilo fílmico en la Argentina de fines de los años sesenta con la que Memoria del saqueo, parece no tener demasiadas diferencias.Memorias mansas

por Sebastián Russo

Exclusivo: conseguí Memoria del saqueo en DVD en Leedor.com!

Memoria del saqueo es, según su director -el recientemente premiado en Berlín con el Oso de oro a su trayectoria- Fernando “Pino” Solanas, una deliberada continuación de su antológico La Hora de los hornos , documental fundacional no solo de su filmografía sino de todo un estilo fílmico en la Argentina de fines de los años sesenta.

Como tal, se ocupa de relatar la historia argentina desde donde su película-fetiche la había dejado, o sea, en los albores de la dictadura militar, que de 1976 a 1983, se transformó en la más feroz de las dictaduras vividas en Argentina. Feroz en términos de sistemática matanza de retractores al régimen, y en la imposición de un plan económico -que no es otro que el neoliberal- que culminó teniendo consecuencias más atroces (y esta es una de las tesis en la que se concentra su nueva película) que el mencionado genocidio que dejó unas 30.000 personas desaparecidas.

Con 30 años de diferencia con su “primera parte”, Memoria del saqueo , en criterios estilísticos e ideológicos, parece no tener demasiadas diferencias de fondo con su antecesora. Sin embargo está claro que en cuestiones de significación, de percepción, de estética, estas últimas tres décadas no transcurrieron en vano. Solanas, no da cuenta de estos cambios (no solo eso, sino que los rechaza abiertamente), y así, su película exuda un aroma anacrónico.

De conceptualización maniquea, utopista, la historia argentina reconstruida por Pino -que se presume en las antípodas de la historia oficial- queda simplificada de manera grosera. Explicitando, por ejemplo, la demarcación entre sujetos “buenos” y “malos”, e idealizando a ciertos sectores sociales (el trabajador, el pobre, en suma, lo que Solanas sigue entendiendo por “pueblo”), su crítica remite a lugares comunes (crítica obvia, ya hecha, repetida, y así, escasa en fuerza enunciativa, reclamativa), declarando culpables de todos los males argentinos de hoy día, a la dictadura militar, a Domingo Cavallo y, sobretodo, a Carlos Menem. Demonizados, quedan expulsados -a través de este mecanismo satanizador- de la esfera de lo humano, operación que, como boomerang, termina exculpándolos (es sabido que los insanos mentalmente no son culpables de los crímenes que cometen)

De todas formas existe en Memoria del saqueo un espíritu, una intencionalidad explicativa, casi pedagógica, de dar cuenta de las características que llevaron a la Argentina a una crisis casi terminal a fines del 2001. Utilizando para ello una cantidad importante de variables que otorgan evidencias, si bien redundantes, inescrutables sobre el presunto proceso saqueador. Pero es ya el mismo término “saqueo” el que permite vislumbrar la mirada del director. Saqueo referiría a una acción unilateral: el saqueado está imposibilitado por alguna razón de actuar, de evitar la vejación, el ultraje al que es sometido. Así, Solanas construye una visión romántica (mítica, ficticia) de los pobres, del “pueblo argentino” saqueado. No focaliza en la más realista (menos seductora) tragedia (en el sentido de situación sin escapatoria posible) a la que están condenadas hoy las sociedades modernas, ligada a la existencia irremediable de pobres, a la inviabilidad de una sociedad sin pobreza, en un mundo capitalista hasta la médula, como es el mundo actual. En este sentido, la dinámica social sugerida, no permitiría ligar la posibilidad real de acción de los sujetos, con el accionar “demente”, “diabólicamente corrupto” de los políticos saqueadores (junto a estos, se cita, con justicia, a banqueros y empresarios, argentinos y extranjeros), externalizando el conflicto.

Más allá de las falencias mencionadas (particularmente reprochables por la investidura de “testimonio” con la que se presenta, la cual le imprime exigente responsabilidad) Memoria del saqueo deviene en película necesaria, en documento valioso. Estructurada sobre un minucioso trabajo de investigación (a cargo de la socióloga Alcira Argumedo, actualmente en la Universidad de Buenos Aires), que si bien se vuelve por momentos esquemático (seguramente por razones de dinámica cinematográfica), atraviesa las instancias fundamentales en las que la crisis argentina de los últimos 30 años se desarrolló. Reconstituye sistemáticamente -y es este uno de los mayores logros del film, en términos de documento a salvaguardar- el proceso por el cual el gobierno argentino fue acrecentando (hasta niveles incontrolables) la deuda externa, desde sus cimientos dictatoriales, hasta su obscena explosión menemista. Desparramando responsabilidades que van de los ministros de economía Martínez de Hoz a Cavallo, de Ronald Reagan a Michel Camdessus, de Menem a De la Rúa. Este recorrido detallado (y revelador para muchos) por la adquisición y abultamiento de la deuda argentina, se convierte en un dato indispensable para entender el hoy argentino. Y en este sentido, el de refrescante de anquilosadas memorias, la película de Solanas se vuelve necesaria, importante, desde una actualidad nacional dominada mediáticamente por informaciones y reflexiones (cuando las hay) perversamente desmemoriadas.




Loading Facebook Comments ...

No hay comentarios

Añadir más