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Exorcismo de Emily Rose

Una película de terror que se transforma en experiencia religiosaCreer o reventar

Por Julián Rimondino

La fe no es una cuestión de lógica. Mucho menos de hechos. Lo único que pide es que se crea. La religión ofrece mucho a cambio: certezas, sentidos, una clara lista de lo que está bien y lo que está mal. Vivir sin estas certezas es más complicado y agotador.

El exorcismo de Emily Rose quizás parezca una película de terror más, especialmente ahora que se han vuelto tan populares en Hollywood los exorcismos y las remakes de éxitos japoneses, nuevos acompañantes de la saga de asesinos seriales, locos y dementes asesinos que siempre estuvieron presentes. Pero la película de Scott Derrickson va más allá del mero entretenimiento y plantea algunas cuestiones bastante complejas.

El primer indicio de esto podría ser su casting. Una cosa son los horror flicks protagonizados por ignotos desconocidos que rara vez logran la fama, y otra un thriller de terror liderado por Tom Wilkinson y Laura Linney. Él es un actor de esos que pueden hacer lo que sea, descubierto por la industria a partir de En el dormitorio. Ella… ¿qué se puede decir sobre ella que no se haya dicho aún? Cada día actúa mejor.

El segundo elemento que lleva a la película más allá de las escenas de susto, es que, más que un cuento de terror, El exorcismo… es una película de juicios y abogados. La Emily Rose del título es una chica de 19 años, muerta en extrañas circunstancias tras un fallido exorcismo. El Padre Moore (Wilkinson) va a juicio por esa muerte, y la abogada Erin Bruner (Linney) se hace cargo de su defensa, más que nada por lo que un caso de tal repercusión podría hacer por su carrera.

De ahí es más, la película alterna el drama de la corte, todo un subgénero para estas alturas, con flashbacks sobre la posesión de Emily. Pero éstos aparecen en pantalla sólo para ilustrar los relatos supernaturales de los testigos de la defensa, sino que también aparecen sus versiones “lógicas”, con explicaciones médicas y psiquiátricas. Y así, se plantea la duda: ¿las convulsiones de Emily eran brotes de epilepsia o la manifestación del diablo? ¿los medicamentos psiquiátricos la ayudaban o no? ¿el exorcismo fue una locura de una familia de fanáticos religiosos o la única salida ante un mal incurable?
El espacio de la duda se juega al máximo en la primera mitad de la película. Luego, la puesta en escena hace un giro y se concentra en escenificar las posesiones, no sus explicaciones alternativas. Detrás de esta elección estética y narrativa (que es también una elección de género: sin posesión no hay terror), está el deseo de creer. El film se entrega a la duda, quiere creer; no sólo sus personajes, también su director y su guión, y eso se transparenta en la forma de filmar y en la estructura elegida para narrar la historia.

Es más: el guión está basado en un caso real. Los títulos de la película se encargan de anunciar que la tumba de Emily Rose es hoy un santuario improvisado y no-oficial, y que uno de los especialistas que declararon en el juicio escribió un libro sobre el caso, que sirvió de base para esta película. Se trataba de la Dra. Adani, que apoya la teoría de la posesión, una especie de pseudo-científica, antropóloga de Yale pero lectora de Carlos Castañeda. La veracidad de esto es muy dudable: la Dra. Adani quizás sea verdadera, pero el caso inspirador probablemente es el de una joven alemana llamada Anneliese Michel, cuya muerte produjo un juicio similar en Alemana en la década del ’70. Lo importante es que, personaje ficticio o no, se trata de una doctora parada en ese lugar donde la ciencia se mezcla con lo espiritual y pierde la seguridad y capacidad de persuasión que tiene en otras áreas.

El exorcismo de Emily Rose remarca que todos quieren creer. A pesar de la evidencia médica de que Emily estaba enferma. A pesar de que todos sus síntomas eran explicables médicamente. A pesar de que la teoría de la posesión incluye apariciones de la Virgen, surgimiento de estigmas y, por sobre todo, nos regresa a todos al Medioevo.

Nietzsche decía que el superhombre surgiría cuando los seres humanos dejaran de buscar certezas y respuestas en la religión, y encontraran dentro de sí mismos la fuerza para enfrentar la tragedia terrible y desgarradora que es la existencia.
Qué lejos estamos de lograrlo aún.

(El exorcismo de Emily Rose es una película entretenida y bien realizada. El elenco hace que valga la pena verla, pero cómo transparenta esta necesidad de creer es muy interesante para analizar. Quien no busca más que divertirse en el cine, puede hacerlo con esta película. Quien busque un tratado sobre religión y ciencia, no lo encontrará, pero al menos tendrá un punto de partida para pensar muchas cosas. Eso –aquí asumo que toda esta lectura es enteramente subjetiva– es lo que me pasó a mí.)

Publicado en Leedor el 3-12-2005




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